VOCES EN RESISTENCIA (Cap.3) «AUTOGESTIÓN POBLACIONAL ANTE EL VIRUS CAPITALISTA»

Compartimos la editorial correspondiente al capítulo 3 de Voces en Resistencia «AUTOGESTIÓN POBLACIONAL ANTE EL VIRUS CAPITALISTA». Contamos con la colaboración del «Comedor Popular Luisa Toledo», «Red de apoyo mutuo por la Dignidad de Lo Hermida» y La «Fundación Sol»

 

«Desde octubre de 2019 se ha evidenciado en Chile la rabia y la impotencia por las pésimas condiciones económicas, el abuso del poder político, judicial y de las fuerzas policiales. Cuando nos cansamos de los atropellos y sin nada que perder nos volcamos a las calles a exigir cambios radicales en los salarios, pensiones, en la salud y la educación, en las condiciones de vida en general, versaban algunos carteles en distintos lugares: “Son tantas weas que no sé que poner”.

De esa forma se fueron gestando una serie de asambleas en los territorios, reuniones entre vecinos y vecinas, de iniciativas para protestar, dialogar, conocerse, encontrarse la razón y/o disentir. Así, surgen espacios que permiten que el pueblo salga del letargo de programa que aturde, después de las noticias que angustian. Encontrarse con otro, con otra que tiene los mismos problemas y sueños, la misma carga de horas de trabajo y la falta de tiempo de descanso y de ocio.

En contraposición, desde la denominada “transición a la democracia” hemos visto como en tono triunfal la Concertación y luego la Nueva Mayoría asumía con orgullo un país emergente, al que llamaban en los medios “el jaguar de Latinoamérica”, disfrutando de cifras de crecimiento anual medio del Producto Interno Bruto de 6,5%, cifras que ocultaban la precarización del empleo, el gran número de trabajadores y trabajadoras a honorarios, sin previsión, de las malas condiciones de vivienda y un largo etcétera.

El dinero plástico nos enseñó a vivir al debe, a pagar la compra del supermercado y los uniformes escolares en cuotas, con la ilusión de “tener” que en el fondo nos llevo a deudas de nunca acabar.

Desde el estallido nos hemos encontrado, por necesidad, por hastío y por conciencia, para buscar formas de sobrevivir, la pandemia nos volcó a las casas, sin embargo, no es una realidad de la que puedan disfrutar todos, muchos se han visto sin ingresos, porque el trabajo escasea y la posibilidad de tener alguna remuneración se ve limitada por las cuarentenas, por el cese del servicio doméstico y el cierre de algunas empresas o la reducción en la plana de trabajadores y trabajadoras.

El modelo económico colapsó y hace agua por todos lados, la pandemia ha servido como una herramienta de control social, para tenernos guardados, evitando que salgamos a manifestarnos, ante la necesidad de protegernos del covid-19. Porque los que mueren en esta pandemia no son los más ricos de Chile.

Mientras en la Moneda gastan más de 32 millones en pescados y mariscos y siguen adquiriendo vehículos policiales y armas destinadas a continuar con la represión.  Al pueblo se le ofrecen bonos de miseria con tantos requisitos que son imposibles de cumplir.

Bajo este panorama es que, en plena crisis, surgen en distintos puntos del país, comedores solidarios o mejor conocidos como ollas comunes, donde por medio de la organización y la solidaridad de muchos, reciben alimentos quienes han perdido sus trabajos, quienes nunca han tenido una fuente fija de ingresos, la población se une y se organiza para darse apoyo.

Como equipo de Muros y Resistencia, mientras preparábamos este programa, nos preguntábamos a cerca de las formas de vivir a que nos ha llevado el sistema y creemos que es parte de nuestro trabajo instalar la reflexión en torno a cómo nos enfrentamos a una nueva forma de relacionarnos y surge la frase: “para cambiar la forma de vivir hay que cambiar la forma de producir”, la forma en que nos planteamos las relaciones en la comunidad. Y nos preguntamos ¿Qué hacemos, cada uno y cada una para aportar a una nueva forma de vivir la economía, las diversas formas de familia, las relaciones laborales y comunitarias? La pregunta queda abierta.»

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