La historia de Cristián Valdebenito, MORIR EN PRIMERA LINEA

La historia de Cristián Valdebenito

Morir en la Primera Línea

 Por: Camila Oliva Q.

 

El 7 de marzo de 2020 cambiaría para siempre la vida de la familia Valdebenito. Cuando ya se daban los primeros casos de COVID 19 en el país, Cristián “Conejo” Valdebenito volvía a la Plaza de la Dignidad para protestar contra las injusticias que por tantos años sufría junto a los suyos y su pueblo. Su determinación de luchar “hasta vencer o morir”, como recuerda un amigo, se hizo realidad cuando una bomba lacrimógena disparada por la policía impactó en la base de su cráneo.

 

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”.

Bertolt Brecht

 

INTRODUCCIÓN

El 20 de marzo de 2020, el diario La Tercera titulaba una nota sobre el asesinato de Cristián Valdebenito diciendo: “SML por fallecido por presunto impacto de bomba lacrimógena: ‘La muerte no se habría evitado aún con la aplicación de servicios médicos’”. El periódico detalla que “según el informe de autopsia de Cristián Valdebenito, quien murió el 7 de marzo tras participar en una marcha en Plaza Italia, ‘si bien no es posible establecer la morfología del objeto que produce este complejo lesional, se puede consignar que se trata de un elemento de tipo contundente y de superficie regular lisa’. Tras no obtener respuesta, fiscalía insistió a Carabineros que entreguen los respaldos de sus cámaras”.

El caso lo tomó la fiscal de Alta Complejidad Centro Norte, Ximena Chong, quien pidió diligencias al entonces Director General de Carabineros, Mario Rozas, para verificar la participación de la policía uniformada en los hechos. La misma fiscal llevó otros casos vinculados a esta institución, razón por la cual fue víctima de vigilancia y amenazas. A casi un año y medio de los hechos, la muerte de Valdebenito no encuentra justicia.

La autopsia señala que la causa de muerte fue una “laceración arteria comunicante anterior derecha secundaria a un traumatismo cérvico cráneo encefálico por objeto contundente (…). La trayectoria seguida por el objeto que impacta el cuello del afectado es de atrás hacia adelante y de derecha a izquierda (…). No se registran huellas de lucha, defensa ni sujeción (…). Se corresponde con una muerte violenta compatible con la etiología médico legal homicida”. Más allá de los datos técnicos, lo que queda claramente establecido es que fue un homicidio, un asesinato a mansalva causado por el disparo directo a su cabeza de una bomba lacrimógena, percutada desde un arma cargada por quien se supone que debe protejer a los ciudadanos.

 

¿Cómo llegó Cristián Valdebenito, el “Conejo”, a estar ese 7 de marzo en la Plaza de la Dignidad? ¿Por qué ni para él ni para sus cercanos era ilógico que fuese parte de la Primera Línea? ¿Qué razones poderosas lo hacían pasar de su trabajo, cada día, a protestar junto a centenares de manifestantes? A continuación serán su hijo, su familia, sus amigas y amigos quienes relatarán la historia de un verdadero héroe del pueblo.

 

REPARTO

  1. Cristián Valdebenito: primer hijo de Cristián el “Conejo” Valdebenito.
  2. Ximena Valdebenito: prima que vivió y creció a su lado desde su nacimiento.
  3. Alfredo Aguilera: amigo de infancia de Cristián desde la Villa O’Higgins, La Florida.
  4. Julio Barraza: vecino y amigo del sector Villa Cerro Morado, Puente Alto.
  5. Marcia Lillo: vecina y amiga del sector Villa Cerro Morado, Puente Alto.
  6. Alejandro Hidalgo: primo.
  7. Julián Rojas: sanitario de la brigada de salud que da los primeros auxilios a Cristián.
  8. Alexander Salinas: escudero de la brigada de salud.
  9. Carlos Zúñiga: escudero de la brigada de salud.
  10. Natalia Meza: Técnica en enfermería  que realiza reanimación a Cristián.

 

 Cristián Valdebenito (hijo): Todos sabíamos cómo era mi papá, lo que le gustaba y su determinación para luchar por las injusticias. Él siempre dijo que había que salir a luchar, que estos huevones no podían seguir siempre con lo mismo.

Ximena Valdebenito (prima):  Cristián tenía siempre sus ideales claros, era una persona muy correcta, las cosas como tenían que ser. Él sufría mucho con el dolor de la gente, con la pobreza misma, no podía ver sufrir a un niño, no podía ver las injusticias, era muy sensible en ese aspecto. Lloraba porque desde chicos pasamos muchas carencias. Él tenía eso muy marcado.

 Alfredo Aguilera (amigo de infancia): Él fue el pilar de la familia y cuando ellos dicen de “toda la familia” es porque es verdad. Él fue el más humilde, si estaban enojados unos con otros los unía. El “Conejo” no tomaba, no fumaba. Lo único suyo es que era un muchacho rebelde, hasta las últimas, como él decía: “Hasta vencer o morir”.

Cristián Valdebenito: Se separó de mi mamá cuando yo tenía como cuatro o cinco años, pero siempre fue un padre presente. Siempre estuvo ahí en todo momento, dándome lo que necesitaba y, sobre todo, en la parte del amor, de acompañarme. Siempre fue muy de corazón y estaba pendiente de su familia, que nada te pasara y en todo momento estaba contigo. Era un papá muy preocupado hasta el día de su asesinato.

Ximena Valdebenito: Fue una persona muy sensible, querendón de sus hijos. Él se separó de la primera mujer con la que tuvo un hijo, pero se separó de ella, jamás de su hijo. Por eso Cristián siempre anda presente en todo, por todo lo que él le dejó, por todo lo que fue con él. Ellos eran padre e hijo y amigos. Como Fernandita, su otra hija. Ella también ama a su papá. Es lo mismo, se repite la misma historia. Muy querendón de ella, muy respetuoso, ella muy fundida por lo tanto que él la quería. Él era muy sobreprotector de su familia.

Julio Barraza (vecino): Me acuerdo perfectamente que Cristián siempre fue muy preocupado de su mamá y sus hermanas, de su familia. De eso me acuerdo perfectamente.

Ximena Valdebenito: Él fue como el hermano chico de nosotros, para todos lados nos acompañaba. Alcanzó a vivir la dictadura. Cuando fue creciendo por esto mismo de la pobreza en que nos criamos ya tenía sus ideas claras de salir adelante, tener una vida mejor, hacer un mundo mejor para su familia, para sus hermanos y después para sus hijos.

Cristián Valdebenito: El primer recuerdo que me viene a la cabeza sobre él es estar en familia, era lo que más le gustaba. Reunía a todos en los momentos más importantes: los cumpleaños, los dieciocho, las navidades, año nuevo o en las vacaciones.

Ximena Valdebenito: Siempre luchó mucho por los demás, es decir, si él tenía un pan lo daba, no importaba si se quedaba sin nada, ahí se las arreglaba. Fue una persona muy querendona de todos, de toda su familia, no hacía diferencias quién tuviera más o menos. Se paseaba por todas las mesas y estaba preocupado siempre de todo el mundo: que cómo estás, cómo te ha ido. Llegaba a mi casa no más, mi casa era como su casa, nadie sabía que nosotros éramos primos porque nos criamos juntos casi de la misma edad.

Julio Barraza: Cristián era una persona amena, muy simpática. O sea, podías conocerlo en el instante e inmediatamente te caía bien, era muy amable, lo veías y decías: “Este huevón es amable”. Una persona cálida, digamos.

Ximena Valdebenito: Una persona muy buena, siempre he dicho desde el día en que él se fue: “Vino solamente a una misión a la tierra y él tenía que irse antes que todos”.

Alfredo Aguilera: Fue un líder innato. Su familia le decía “Conejo”, pero en la pobla le decíamos el “Choro Cristián”. Era muy parado ese muchacho, no dejaba que nadie abusara de nadie. Se paraba con quien tuviera que pararse y así mismo era con la yuta. Había temor pero ya estaba lanzado, ya estaban tirados los naipes. Me decía: “Hermano, cuando toca toca hay que hacerlo, con todo, sin tirarse para atrás”. Y yo siempre le decía: “Si yo sé, hay que hacerlo con todo pero con cuidado”. Él respondía: “No, loco, con todo y con TODO”. Oh, my god.

 

INFANCIA Y DICTADURA

Alfredo Aguilera: Vivíamos a dos casas en la Villa O’Higgins, las casas de ahí son todas pegadas entonces vivíamos al lado. Yo crecí con él de chiquitito, le llevo un año, él nació en el 71 y yo en el 70. Crecimos ahí en el barrio, esas casas eran una toma antes y yo, que me acuerde, siempre decían que veníamos todos de San Ramón. Ahí crecimos, nos criamos, jugamos de chiquititos.

Ximena Valdebenito: En la Villa O’Higgins tuvimos una niñez un poco cruel. Vivimos ahí la dictadura. Cristián no tuvo tanta niñez. El papá tenía cinco hijos, entonces a la mamá no le respondía muy bien.

Alfredo Aguilera: En ese tiempo íbamos con su mamá y la mía al Jumbo de Bilbao a pedir las puntas de mortadela o queso que quedaban. Nosotros íbamos a comprar las puntas, también el pan frío que le llamaban. Los domingos comíamos hueso carnudo. Entonces de a poco fuimos dándonos cuenta de las necesidades de nuestras familias.

Alejandro Hidalgo (primo)[1]: Muchas veces no tuvimos que comer y teníamos que engañar el estómago con el pan frío de varios días.

Cristián Valdebenito: Era el mayor de seis hermanos, con un papá ausente pero una buena figura materna. Sin embargo, eran muy pobres. El “Conejo” tuvo la necesidad de comenzar a trabajar desde pequeño y cumplir con el rol de padre para sus hermanos.

Ximena Valdebenito: Por esto Cristián tuvo que salir a trabajar desde muy chico, para llevar la alimentación para sus hermanos. En esos años salía a la feria, con carretones de estos grandes, los llevaba él con todo el peso.

Alfredo Aguilera: De las veinte familias que vivíamos ahí, la suya era la más pobre y luego venía la mía. De chiquito él empezó a trabajar, el abuelito le hizo un carretón y él iba a la feria, teníamos ocho o diez años y ya estábamos ahí ayudando, pelando apio, vendiendo fruta, atendiendo.

Alejandro Hidalgo: Me venía a buscar para que fuéramos a trabajar en los carretones de la feria. Hacíamos fletes. Me enseñó cómo uno se tenía que mover para no irse para atrás, por el peso del carretón.

Alfredo Aguilera: En el catorce de Vicuña Mackenna cuidábamos carros. Había un Unimarc donde llegábamos y trabajamos por los años 82 y 83. Nos ganábamos afuera y ya. Después conseguimos un trabajo en un Jumbo de Bilbao. Ahí le llevábamos la mercadería a los ricos, se las echábamos a sus autos y ganábamos propinas.

Alfredo Aguilera: Lo hacíamos por iniciativa propia y la necesidad de ayudar en la casa. Él me enseñó a vender helados, yo tenía una vergüenza de subir a la micro a vender y él me decía: “No, qué vergüenza, noo”. En ese tiempo vendíamos Choco Panda, no sé si existe todavía. Hasta me acuerdo del grito que tenía, bien callejero: “Choco Panda el helado pa la sed, pa la calor, sírvase un rico Choco Panda, piña colada, el hela-do”.

 Ximena Valdebenito: Cuando chico él era bien travieso e  inquieto.

Alfredo Aguilera: El man era bueno en todo, para la pelota, para el ojito era el mejor. Elevábamos volantín, armabamos chonchas[2]… cuando no había dinero para volantín hacíamos chonchas que era con pedazos de newspaper. Cuando chicos éramos muy callejeros, crecimos en la calle. Era un barrio bravo entonces teníamos que ser más bravos. Cristián se destacaba porque era el más valiente de todos.

 

Alfredo Aguilera: Nosotros crecimos bien bien bien pobres, veíamos televisión y los niños eran felices ahí, mientras nosotros estábamos con las zapatillas rotas. Muchas veces yo le pedía a él, porque su mamá trabajaba de empleada doméstica y ellos le regalaban las que no usaban. Pero siempre se nos abrían abajo y nosotros las amarrábamos con los cordones para jugar a la pelota, para que no se abriera la planta. ¡Así de pobres!

 Ximena Valdebenito: Cristián la luchó de chico. Sabía siempre los puntos en que había que ir a manifestarse porque andaba en eso, pues… con sus amigos, sobre todo con Alfredo, que se fue después a Estados Unidos. Eran como hermanos. Salían a pedir justicia y todo eso.

Alfredo Aguilera: Después cuando teníamos once o doce años la gente era más política. Era dictadura y mi papá militaba en el Partido Comunista y hacía reuniones en la casa. Entonces, yo poco a poco empecé a leer. Cuando se vino el tiempo de las protestas del 83 salí y Cristián también. Nos juntamos y empezamos a meternos.

 

Ximena Valdebenito: Él tenía como nueve o diez años cuando empezó a salir,  andaba metido en todo. Era muy conocido en todos los grupos como en el Frente, el MIR. Sabía qué día iba a pasar tal camión e iban a repartir carne, harina y todo, andaba metido muy misteriosamente en esas cosas.

 Alfredo Aguilera: Yo tenía catorce años y el Cristián trece cuando empezamos a militar en las Juventudes Comunistas.

 Ximena Valdebenito: No sabría decir ni que sí militó, ni tampoco que no. Sé que era muy conocido por los chiquillos que pertenecían en esos tiempos a varios grupos. Podían decir que eras de tal grupo porque los conocías y andabas con ellos en diferentes ocasiones, pero no participando directamente en la misma organización. Andábamos juntos en las manifestaciones, era eso.

 Alfredo Aguilera: Él siempre estuvo activo, desde los trece años el muchachito tenía los huevos de estar en la calle. Mi mamá y la suya, oh, my god, sufrían con nosotros dos porque nos perdíamos, nos andaban buscando por todo Américo Vespucio. Cuando nos decían que aparecían nosotros nos escondíamos, pasaban y seguíamos en lo que teníamos que estar. Éramos bien rebeldes.

Alfredo Aguilera: Estuvimos en facciones de resistencia. Juntos y también por separado. Éramos de grupos de choques. Habían marchas del hambre en el centro de Santiago y ahí teníamos que hacer cosas, pero después siempre nos juntábamos cuando terminábamos.

Alfredo Aguilera: A él en la población lo tenía que sujetar. Yo siempre le decía: “Hermano, no tan cerca, véngase para acá”. Le tenía que tirar la polera, agarrarlo del pantalón. Se hicieron cosas, él incluso cayó preso siendo muy joven.

Ximena Valdebenito: A Cristián se lo llevaron preso cuando tenía alrededor de trece años. Se lo llevaron para el lado del puente de las perdices (3).

Alfredo Aguilera: Yo ese día no fui. Había un pequeño entrenamiento y todos los que fueron cayeron: el cachupin, el Gonzalo, Victor, como unos seis o siete. Y Cristián era el más chico porque era menor de edad, le dieron máquina pero el man las tenía bien puestas. A él se lo habían llevado antes. Era de los más jóvenes y activos en ese momento entonces lo tenían en la mira.

Ximena Valdebenito: Me acuerdo siempre que fuimos ahí a la Plaza de Armas. Había una callecita donde tú te metías y estaba la Vicaría de la Solidaridad[4]… esa vez que a él se lo llevaron lo tenían poco menos que secuestrado, entonces nosotros fuimos a poner un recurso de amparo.

Alfredo Aguilera: Cuando lo detuvieron fuimos al CODEPU[5] y a la Vicaría. Los propios abogados de CODEPU, que eran los mismos del MIR, aconsejaron que se desaparecieran los muchachos de la pobla que se habían llevado.

Ximena Valdebenito: Después de unos meses a Cristián lo fueron a botar. Lo amarraron de un vehículo y lo arrastraron. Estábamos todos asustados. No sabíamos qué se nos podía venir encima, teníamos que tener un cuidado único. Pensábamos que nos vendrían a sacar de la casa y nos matarían a todos… así era la cosa.

Alfredo Aguilera: Los otros muchachos después de ese atentado se tuvieron que ir a Argentina porque cayó un soplo que se iban a deshacer de todos los que tenían en vista. Cristián se quedó. Sabía que tenía que andar un poco más escondido, usábamos pañoletas o pasamontañas. Pero él tenía la policía encima siempre.

Ximena Valdebenito: Por eso cuando me hacen entrevistas yo digo que a él lo querían desde siempre, desde la misma dictadura.

 

ADULTEZ Y ESTALLIDO SOCIAL

 Alfredo Aguilera: El 92 Cristián se fue a Puente Alto. Igual siempre volvía a la pobla. Le gustaba. Yo me defraudé tanto con la transición a la democracia. Como mucha otra gente, caí en cosas que no teníamos que caer. Pero él nunca cayó en ningún vicio. Yo estaba super mal y el 95 mi familia decidió llevarme a Estados Unidos.

Julio Barraza: Cuando llegamos a vivir a Bajos de Mena no se llamaba así, eran tres poblaciones. Nosotros vivíamos en un block. Son espacios pequeños, entonces la manera de hacer comunidad es muy rápida.  Mi mamá tuvo buena onda con la mamá del “Conejo” de inmediato. Yo tenía unos once o doce años y él tenía como diez más que yo. Nosotros sabemos con detalle cómo inició la comuna.

Marcia Lillo (vecina): Lo conocí cuando llegamos a vivir a Cerro Morado, aquí en Puente Alto. Llegó con su familia, su mamá, su hermana.

Julio Barraza: Lo conocí mejor jugando a la pelota. Sus hermanos también jugaban. En total éramos como treinta de los mismos block. Después con el tiempo Cristián iba constantemente a mi casa porque se llevaban bien con mi mamá.

Marcia Lillo: Él siempre iba para la casa, tomábamos tecito y preguntaba qué compraba o llegaba al tiro con algo para compartir. Era muy buen vecino, tan solidario. Nunca lo vi en ninguna cosa rara. Siempre preocupado por los demás, por si nos faltaba algo, incluso en navidad y año nuevo.

Julio Barraza: Nunca lo vi haciéndole daño a nadie. Era muy trabajador desde siempre. Tengo recuerdos claros cuando él llegaba a mi casa con su mochila, directo de la pega. Hasta la mamá decía: “Oye, este huevón pasa más en tu casa que en la mía”.

Alfredo Aguilera: En ese tiempo él no podía venir a verme. Nos escribíamos, nos llamábamos. El 98 muere mi papá y fue un gran golpe para mí. Pero Cristián junto a otros amigos llevaron su ataúd en los hombros. Cuando volví a Chile después de veinte años estaba él y Ximena esperándome en el aeropuerto. Fue como si nunca me hubiese ido. Siempre que iba él quería estar ahí.

Cristián Valdebenito: Lo que mejor describiría a mi papá es que era un hombre que siempre estaba atento para ayudar a los demás.

 

Julio Barraza: Siempre hacía harta comunidad. Organizaba actividades para los cabros chicos, eran como setenta, pero él siempre se preocupaba de eso.

Marcia Lillo: Aquí en los block él organizaba el día del niño, hacía juegos, adornaba. Era muy humanitario. Compraba dulces y los repartía a los niños. Tengo cinco hijos y soy madre soltera, entonces Cristián andaba siempre preguntándome si me faltaba algo, muy atento para ayudar.

Cristián Valdebenito: Era muy solidario, por eso le pasó lo que le pasó. Él iba a la Plaza de la Dignidad pensando en todos.

Ximena Valdebenito: Con el estallido social fue como una vuelta atrás, de nuevo estaban las calles para volver a luchar.

Alfredo Aguilera: Cuando empezó el estallido él me decía: “Hermanito, sé que si usted estuviera aquí nosotros estaríamos ahí, pegados, lado a lado”. Iba a ir en febrero, antes de que le pasara eso en marzo. Le dije a Ximena que iba a ir dos semanas a Chile y me dice: “Tú huevón para lo único que vienes es para ir a la plaza a tirarle camotazos a los pacos”. Yo le respondí: “Claro, también pasaría a darle sus camotazos para hacer ejercicio, why not?”

Marcia Lillo: Cristián siempre encontró injusto lo que estaba pasando. Yo sabía que él iba a defender nuestros derechos, pasaba de su trabajo para allá, pero no sabía más.

Cristián Valdebenito: La primera vez que fuimos a las protestas de la revuelta fue a la semana después del 18 de octubre. Después empezó a ir solo o con su primo, quien lo esperaba atrasito. A veces mi papá lo molestaba preguntándole cuándo iba a ir adelante con él, a lo que respondía con un: “Yo te miro de lejitos nomás”.

Ximena Valdebenito: Todos como familia sentimos miedo, pero es como decirle a un niño: “Este sábado no vas a ir a la fiesta porque llegas muy tarde y es peligroso que andes hasta tarde”. El cabro no te va a hacer caso pues.

Cristián Valdebenito: Yo igual iba a las protestas, pero no tenía el corazón que tenía él de ir a ganarme delante de los pacos y darles cara. Además, él nunca quiso exponer a nadie de su familia, era bien sobreprotector. Una vez quise acompañarlo y no me dejó, me dijo: “No te voy a traer para acá adelante conmigo, arriesgarme a que te pase algo. No, yo lo hago por ti y por tus hijas”. Él sabía el peligro que se corría, pero era feliz ahí dándole cara a los pacos.

Alfredo Aguilera: Hablábamos y me decía que a él le gustaba la acción directa. Lo hacía por todo el sufrimiento que tuvimos, por ver que el sistema nunca cambió. Siempre hablábamos de todo lo que dimos en dictadura y que al final no conseguimos nada.

Cristián Valdebenito: Comenzó a ir siempre porque entendía que nunca cambió nada. Él iba a luchar por los más desvalidos: los niños, los adultos que no tenían la oportunidad de hacerlo, los abuelitos y por todas las injusticias que se viven en este país.

Julio Barraza: Por su vida, me hace sentido que él hubiera estado ahí manifestándose. Pero nunca pensé que estaría tan cerca, para eso hay que tener mucha valentía.

Cristián Valdebenito: Mi papá era aperrado, de tan solo ver las imágenes te das cuenta. Antes de su asesinato le habían llegado perdigones en la frente, las manos y los brazos. Incluso le llegó una lacrimógena en el pecho, pero andaba con la mochila colgada ahí entonces lo protegió. Eso sólo unas semanas antes de su asesinato…

Julio Barraza: El “Conejo” no lo contaba, era bastante reservado. Nunca vi nada en las redes sociales, era super discreto con su vida de lucha.

Alfredo Aguilera: Muchas veces decíamos: “Me encantaría que este pueblo comiera mierda, para que realmente supieran lo que es comer mierda. Ahí se levantarán. Mientras les den migajas están como corderos, calladitos, no hacen nada”. Empieza el estallido y me dice: “Volví a nacer hermano, este pueblo parece que despertó”.

Ximena Valdebenito: Cristián volvió a renacer porque sabía que podía salir a pedir justicia. A lo mejor es feo lo que voy a decir, con el dolor de mi alma, pero él murió haciendo lo que  le gustaba: pedir justicia y luchar por los demás.

 

ASESINATO

 Cristián Valdebenito: Estuve el día anterior con mi papá. Me visitó y nos tomamos una tacita de té juntos, siempre lo hacíamos. Durante la semana nos veíamos cuatro o cinco días. Esa fue como una visita más. Dicen que hay gente que se despide pero no lo sentí así. Se fue y nunca pensé que no lo volvería a ver. Nunca pensé que vería cómo lo desconectaban o dentro de un ataúd.

Ximena Valdebenito: La última vez que lo vi fue un día que vino a mi casa. Él de repente llegaba y pasaba. Le gustaba mucho tomar té, siempre he dicho que es el mal de los pobres. Ahora pienso que es porque antes era tanta la pobreza que lo más accesible era un tecito y pan. Ese día conversamos tomando té.

Alfredo Aguilera: El Cristián me contaba que le habían llegado perdigones en la cabeza, una lacrimógena en el pecho, en las piernas y yo le decía: “Bro cuidese”. Los viernes antes de que se fuera le repetía lo mismo y justo ese día no lo llamé. Sólo lo hice tarde por la noche para saber si había llegado bien a su casa, pero nunca me respondió.

Julio Barraza: En la Plaza de la Dignidad nunca lo vi. Me vine a enterar que el “Conejo” era de la Primera Línea por el día que murió, ahí recién supe.

Julián Rojas (sanitario): Ese día fue particularmente complejo. La manifestación se volcó principalmente al sector aledaño entre Vicuña Mackenna y calle Carabineros de Chile. Ese fue el punto más álgido de la manifestación y donde se vivió la etapa más cruda de la represión. Fue un día particularmente peligroso para nosotros y nuestra labor sanitaria.

Carlos Zúñiga (escudero): Recuerdo que fue un día fuerte, muy movido. Empezó temprano y estábamos en vísperas del 8M entonces había mucha gente en la calle. El foco de nosotros ese día se centró entre Reñaca y Carabineros de Chile.

Julián Rojas: Ya caída la noche hubo mucho ataque por parte de carabineros. Hartas salidas, varias arremetidas. La gente trataba de hacer resistencia al avance de los carros blindados. Estábamos apostados en la calle Reñaca, que es un pasaje bien pequeño.  Como personal de salud atendimos varios casos ese día, mucha gente con heridas de diversa consideración: laceraciones en la piel, afectados por gases, personas con hemorragias.

Carlos Zúñiga: Cuando empezó a oscurecer fue mayor la frecuencia de los disparos con lacrimógenas. En el día mantienen el control, después fueron más constantes e intensos los disparos a la altura del tórax y la cabeza. También comenzaron a usar balines.

Alexander Salinas (escudero): En esa función estábamos cerca del pasaje Reñaca cuando nos dieron la información por radio: necesitaban sacar a una persona que estaba herida en la calle Carabineros de Chile.

Carlos Zúñiga: También llega un cabro Primera Línea corriendo, me toca el hombro y me dice: “Hay un herido y tienen que sacarlo de ahí adentro”.

Julián Rojas: Llegamos a Carabineros de Chile a extraer a una persona, no teníamos mayor antecedentes. Entramos entre lacrimógenas que nos caían cerca de los pies, rebotaban en las latas. Era bastante frecuente que pasaran esos tipos de cosas.

Carlos Zúñiga: La entrada fue complicada porque es un pasaje angosto. Los cabros le estaban dando duro a los pacos y los pacos a los cabros. Tuvimos que entrar en esas circunstancias.

Alexander Salinas: Recuerdo que nos costó entrar porque el fuego era cruzado, carabineros disparando lacrimógenas y los chiquillos respondiendo con lo que podían. Hasta que llegamos al hall del edificio, no recuerdo el nombre ni la numeración.

Julián Rojas: Llegamos a un punto improvisado de salud que se armaba en el hall de un edificio en la calle Carabineros de Chile. Es un espacio que cedía el conserje del lugar a la primera brigada o los primeros sanitarios que llegaban.

Carlos Zúñiga: Entramos por la orilla del muro porque no sabíamos donde estaba Cristián. Íbamos preguntando por el herido pues no estaba la referencia exacta. Hasta que llegamos al hall. Julián entra y nosotros nos quedamos en posición en la entrada para custodiar en caso de cualquier arremetida, también para evaluar cómo íbamos a salir.

Alexander Salinas: Los escuderos nos quedamos afuera en caso de poder hacer una extracción y resguardar a los equipos sanitarios que salieran. También para apoyar el traslado. Entonces entra Julián y hace la evaluación pertinente.

Julián Rojas: Entre rápido y lo primero que veo es un paciente que está acostado, con los pies hacia la puerta y muy pálido. Una mala señal la mayoría de las veces. Ante eso le dije a los chiquillos de otras brigadas que lo estaban atendiendo: “Organicémonos y saquemos al paciente rápido”.

Carlos Zúñiga: Julian entra, sale a los minutos y dice: “Hay que hacer la extracción ya”. Fue muy rápido. Evaluamos la posición y tenía que ser por el costado del muro porque no habían muchos escudos. Nosotros habíamos dejado a otros escuderos cuidando al equipo de Reñaca.

Julián Rojas: Empezamos el traslado hasta el punto de salud más cercano, que en este caso era el puesto de Reñaca. Ahí había personal médico, paramédico y de SAMU.

Alexander Salinas: Nos fuimos a la defensiva. Dentro de nuestro protocolo como brigada tenemos nunca darle la espalda a los bastardos porque son traicioneros y te disparan al cuerpo.

Carlos Zúñiga: Alexander y yo quedamos a la cabeza del paciente, pero mirando hacia los pacos. Nosotros hicimos la retaguardia y los otros escudos se fueron por el costado. Cubrimos la parte trasera de Cristián y el costado izquierdo para poder avanzar e ir retrocediendo, mientras su costado derecho estaba cubierto por la muralla. Nosotros siempre vamos mirando hacia carabineros y cerrando bien el cuadro, entonces fue lento.

Alexander Salinas: Vemos que los manifestantes hacen un alto al fuego, pero los bastardos seguían atacando.

Carlos Zúñiga: Los pacos nunca pararon de disparar, siempre estuvimos bajo fuego. Los cabros de Primera Línea se dieron cuenta que tratábamos de salir y empezaron a hacer espacio. Evitaban tirar cosas porque traíamos a un paciente urgente.

Julián Rojas: Nuestro mayor equipo de salud estaba apostado en calle Reñaca, entonces nuestro objetivo fue sacarlo y llevarlo ahí.

 Carlos Zúñiga: Fue muy difícil porque tuvimos que cruzar y mantener esta línea hasta llegar a Reñaca. Los cabros estaban todos impacientes gritándole a Cristián que aguantara. Es muy fuerte ese momento porque se desesperan cuando ven un herido, un caído y cuando llevas a alguien en camilla es porque es grave.

Alexander Salinas: Llegamos a Reñaca, ingresamos al pasaje que es más seguro porque tiene una reja. Ahí estaba todo este equipo médico y de primeros auxilios operando.

Carlos Zúñiga: Cuando llegamos con Cristián los escuderos nos quedamos fuera e ingresan los sanitarios. Nosotros hicimos espacio para cuando llegara la ambulancia que veníamos pidiendo desde el traslado.

Alexander Salinas: Había muchos manifestantes afuera. A veces hacían arremetidas tanto el guanaco como el zorrillo, entonces los chicos se movían. Intentábamos mantener cierto espacio para que pudiera hacer ingreso la ambulancia.

Julián Rojas: Cuando llegamos con Cristián había un conglomerado de brigadas de salud con un mayor grado de capacidad de resolución de los pacientes. Al entrar y verlo pálido, lo primero que dice una de las compañeras es: “Tiene cara de paro (cardiorespiratorio)”. Ante eso se organiza de forma preventiva la obtención del ambu[6], que es una mascarilla que permite oxigenar y ventilar a los pacientes que vienen comprometidos de conciencia.

Natalia Meza (enfermera): La primera evaluación al verlo fue que estaba grave. Trabajo hace años en esto, entonces me doy cuenta altiro por el color si está bien o mal. Cristián estaba muy muy grave. Cuando estaban entrando al puesto se cayó uno de sus brazos de la camilla.

Julián Rojas: Algunos pudieron constatar la herida que tenía Cristián en la zona de la nuca. Era bastante compleja. Mirando en retrospectiva pensamos que tenía pérdida de masa encefálica porque era una herida penetrante de gran tamaño.

Natalia Meza: Tenía una lesión en la parte posterior del cráneo, estaba sangrando bastante. Algunos chicos presionaron la contusión y buscaron más lesiones. Estaba comprometido de conciencia. Otros compañeros le hicieron reanimación, pero estaba en muy malas condiciones.

Julián Rojas: Adentro la atención fue compleja. Le hicieron una reanimación cardiorrespiratoria, le instalaron vías venosas, cosas más avanzadas para la calle.

Natalia Meza: Mientras esperábamos la ambulancia empezó a tener un paro cardiorespiratorio. Ante eso hicimos animación básica con un ambu, que es para dar respiración boca a boca.

Julián Rojas: Incluso una de nuestras miembros acompañó el trayecto en la ambulancia hacia la Posta Central, fue reanimando al paciente encima de la camilla.

Natalia Meza: Acompañé al paciente hasta la ambulancia, fui encima de la camilla para reanimarlo, pero al subir ya estaba muy cansada y mis compresiones no eran suficientes. Entonces, me bajo de la ambulancia y lo dejo en manos del paramédico que le empieza a hacer una reanimación avanzada.

Julián Rojas: En ese momento la brigada tenía personal que trabajaba en Samu, entonces teníamos acceso a información que nos permitía hacer un pequeño seguimiento a los pacientes.  Lo primero que nos dijeron una hora más tarde fue que llegó con signos vitales y que lo evaluarían. Después viendo noticias y los informes de muerte de Cristián entiendo que era una herida incompatible con la vida. Le lesionaron una arteria fundamental de irrigación del cerebro, no se podía revertir la condición que tenía.

 Alexander Salinas: En rigor lo asesinaron ahí en la calle.

Cristián Valdebenito: Evelyn, la pareja del “Conejo”, me avisó que fue la PDI a la casa de mi abuela para avisar que mi papá había tenido un accidente y estaba en la ex Posta Central. Algo grave había pasado, que fuese la PDI a dar aviso no era buena señal.

Ximena Valdebenito: Estaba en la playa y me llamó Andrea, su hermana. Me dice: “Oye, te tengo que dar una mala noticia. Cristián andaba en dignidad y le cayó una bomba lacrimógena. Lo único que sabemos es que está mal”. Me dormí pensando en que le pegó fuerte.

Julio Barraza: Me acuerdo que ese viernes estuve en Plaza de la Dignidad. Cuando me fui vi que en Twitter salía que habían impactado a alguien con una lacrimógena. Decían que era de Bajos de Mena.

Cristián Valdebenito: Cuando llegamos al hospital el doctor nos mintió, nos dijo que teníamos que pedirle esa noche a Dios que mi papá se salvara porque estaba muy complicado.

Ximena Valdebenito: Después me despierto y llaman de nuevo. Me dicen: “Ximena vente altiro, el Cristián está mal”. Llegué antes de las 8:00 y le pido al doctor si me puede dar más información. El doctor dice: “Voy a ser certero en decirte las cosas. Cristián Valdebenito llegó muerto aquí. Están haciendo show, no sé por qué ni para qué, pero él llegó sin vida porque sufrió dos paros cardíacos en el momento de haberle caído la bomba lacrimógena en su cuerpo”.

Cristián Valdebenito: Al otro día llegó el doctor de turno y me dijo que no había nada más que hacer, que lo iban a desconectar. Le pregunté si mi papá sufrió y él me respondió: “No, él murió al instante”. Nos habían mentido. Como era donante de órganos mantuvieron su cuerpo por eso. Mi papá ya estaba muerto, le habían dado dos paros.

 Alfredo Aguilera: Al siguiente día Marcela, su hermana que está aquí en California, me cuenta. Estaba trabajando, pero caí, no pude más. Lloré, wow, una pena, man. Lo mataron, esos hijos de puta lo mataron. Lo tenían en la mira. Yo lo sé, porque ese man a sus años estaba igual al frente.

Marcia Lillo: La tarde del viernes me metí a Facebook y leí que había un herido, posiblemente muerto. Dios mío, dije yo. Al otro día en la mañana me meto de nuevo y grité: “Hijo ven, mira, mataron a Cristián, ¡lo mataron!”

 Julio Barraza: Al otro día por Facebook mi mamá se dio cuenta que habían matado a Cristián. Para mí fue un golpe porque no era una mala persona. Fue injusto que muriera de esa forma. Si el estaba cometiendo algún desorden Carabineros debería haberlo detenido y procesado en un estado de derechos, con un juicio justo. Eso fue a quemarropa, una lacrimógena con toda la intención del mundo.

Marcia Lillo: La muerte de él nos dejó horriblemente mal porque no se merecía morir de esta manera. No puede ser así, tan crueles que fueron, por la espalda. Yo siempre le digo a mi hijo: “Ellos saben quién lo mató, entre ellos mismos se tapan”.

Alfredo Aguilera: Lo tenían cachado. Igual que en la pobla, así mismo fue. Lo tenían individualizado, el que le tiró le quería hacer daño, así de simple. Lo tiró a matar ese hijo de puta. Lo mataron porque el man no temía. Yo sé que dio cara y dio demasiada cara, dio todo lo que pudo por la causa.

Cristián Valdebenito: Mi papá se preparaba bien. Por eso es evidente que lo asesinaron. Andaba con máscara antigases, un casco y una bolsa de basura. Le llegó justo la lacrimógena y murió instantáneamente, fue de manera intencional.

Ximena Valdebenito: En las condiciones que murió uno se cuestiona por qué. Todos estamos claros que nos vamos a morir el día de mañana, pero tú nunca esperas que seas tú, tu familia, que sea la persona que quieres tanto.

Julián Rojas: Creo que todos quedamos con la sensación de que pudimos ser nosotros. Podrías haber sido tú, tu hermano, tu polola, tu amigo, tu prima, cualquier persona de nuestra familia.

 Julio Barraza: Ninguna persona merece morir de la manera que murió Cristián. Nos debería dar mucho pesar por cualquier persona que muera de esta forma. Independiente seas de derecha o izquierda.  Hasta el día de hoy no puedo creerlo.

Cristián Valdebenito: Quiero que la gente comprenda que a él le afectaba todo lo que estaba pasando, todo lo que estábamos sufriendo: las torturas en el estallido social, las muertes, los cabros que quemaron en el Construmart, en el supermercado y los asesinatos antes del suyo. Mi papá no era una persona que iba solo a tirar piedras, él iba a luchar por un país más justo. Él tenía conciencia social.

Alfredo Aguilera: Sigo aún con una pena terrible. Me acuerdo todos los días de él, no hay día que no piense en él.

Marcia Lillo: Nunca lo voy a olvidar, las personas como el “Conejo” no se olvidan. Siempre dando su ayuda al más necesitado.

Carlos Zúñiga: El caso de Cristián es para mí, incluso creo que para toda la brigada, fuertísimo. Si bien tuvimos traumas oculares y es terrible la mutilación, igual sabes que no van a perder la vida.

Alexander Salinas: En lo personal me afectó bastante. Cada vez que veíamos a la familia de Cristián manifestándose nosotros íbamos a resguardarlos. Julián siempre estaba pendiente de eso. Yo sentía que teníamos una deuda con el “Conejo” y su familia, el poder haber hecho más, pero lo asesinaron en la calle.

Julián Rojas: Posterior a eso continuas tu labor, agarras fuerza y este compromiso con no querer soltar la calle. Sabes que puedes incidir en el destino de algún otro manifestante que vaya a caer, que vaya a ser víctima de la represión. Sientes la responsabilidad de que podría haber otro Cristián entre medio, otro manifestante que no vuelva a casa.

Cristián Valdebenito: Siento rabia, impotencia y también tristeza porque aún no se logra pillar al que mató a mi papá. Ha sido una gran perdida, él era muy importante para nosotros. Todos tienen que pagar por todas las muertes.

Julio Barraza: Hasta el día de hoy, más de un año después, ni siquiera sabemos qué carabinero fue. Se oculta detrás de un uniforme, de una placa, de una institución. ¿Por qué no aparece y dice: “Yo lo maté”?

Ximena Valdebenito: Está todo muy hermético. A nosotros nos dicen que es porque el caso de él es muy complicado por todo lo que pasó, entonces no te dan información más allá.

Cristián Valdebenito: El caso no avanza. Primero decían que no se sabía la hora exacta en que había sucedido. Después establecieron un rango entre 5 a 10 minutos, pero decían que ese día habían muchos escopeteros y no daban más información. Obvio. Siempre se van a tapar. Sin saber eso el caso no avanza nada.

Alfredo Aguilera: Desde que tengo noción, después del año 73 la impunidad ha existido en Chile. Y va a seguir existiendo. Es feo decirlo, pero veo muy difícil un cambio si el sistema no cambia y los de arriba siguen manteniendo el poder económico con todos sus caprichos.

Marcia Lillo: Aquí se tiene que hacer justicia, esto no puede quedar así. Lo único que queremos es justicia, que paguen.

Julio Barraza: Espero que haya justicia para el Cristián. Nos haría bien como sociedad saber que aquí no es gratis asesinar a alguien y menos de esa forma. Ese debería ser el mensaje.

Alexander Salinas: De mi parte no va a ser olvidado. No puede seguir esta impunidad, alguien tiene que hacerse responsable. La memoria de Cristián no debe perderse por la invisibilización de los medios, o de algunos partidos políticos. Honor y Gloria al “Conejo”.

Cristián Valdebenito: Hay que seguir luchando por todos los que ya no están. Por los que dieron su vida para un país mejor y que el estado asesino les arrebató la vida. Por los que están presos por luchar, mutilados, torturados, los que murieron quemados. Hay que seguir luchando por todos ellos y porque este país cambie. No hemos ganado nada aún.

 

 

[1] Todas las intervenciones de Alejandro Hidalgo fueron extraídas del portal El Desconcierto.

[2] Cambucha, choncha o chonchón: Volatín simple y de pequeño tamaño. Es también conocida como el volatín del pobre.

[3] Lugar ubicado en el Parque Quebrada de Macul, cerca de Avenida Departamental con Avenida Tobalaba.

 

[4] La Vicaría de la Solidaridad fue un organismo de la Iglesia católica en Chile, creada por el papa Pablo VI a solicitud del cardenal Raúl Silva Henríquez en sustitución del Comité Pro Paz. Su función era prestar asistencia a las víctimas de la dictadura militar chilena.

 

[5] Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo es una organización no gubernamental chilena, dedicada a la promoción y defensa de los derechos humanos.

[6] Un resucitador Ambu (Unidad de ventilación manual) es un tipo de máscara con bolsa auto expandible que es usada para ayudar a niños o adultos que no estén respirando o que tengan dificultad para respirar por sí mismos.

 

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