Palestina, nadie se salva solo (II). La destrucción de lo colectivo, en Gaza y Huechuraba

Palestina, nadie se salva solo (II).

La destrucción de lo colectivo, en Gaza y Huechuraba

Colocar a la humanidad en contextos o disyuntivas que advierten su final pareciera en extremo catastrofista, pero basta que miremos un poco el contexto en el que se enmarca el genocidio para que nos lo cuestionemos seriamente.

No hay espacio para detenernos en todos las dimensiones, geografías y niveles de la coyuntura actual, pero resumámosla así: nos encontramos en un momento único en la historia humana en donde convergen tres movimientos que tienden hacia transiciones radicalmente trasformadoras. El primero (y el más importante) es la crisis socioambiental global, la era del Capitaloceno, en donde se ejecuta el genocidio de miles de formas de vida (en lo que se considera la Sexta Extinción Masiva) y en donde ya hemos sobrepasado 7 de los 9 Límites Planetarios. Es decir, nos encontramos más cerca del colapso ecosistémico que de algún tipo de solución. Muchos de nosotros aún no le tomamos todo el peso a esta catastrófica realidad, al contrario de lo que sucede con el capitalismo y los grandes poderes hegemónicos. Ellos ya se preparan para un escenario (presente de forma incipiente en muchas zonas del planeta) de sequías, inundaciones, migraciones masivas, escasez de recursos, inseguridad alimentaria y todas las mortales contradicciones derivadas de la lógica de la acumulación de Capital infinita en un planeta finito.

 

La competencia entre las grandes potencias y los diversos poderes corporativos, estatales y paraestatales por los “recursos naturales”, se acentúa en este escenario de crisis y en el marco de un segundo movimiento en curso y que es la transición (o no) desde la supremacía unipolar del Capital Global del Norte Occidental (Estados Unidos-Unión Europea) hacia el mundo multipolar empujado por China y los Brics. La confrontación entre ambos bloques toma diversas formas en diversos teatros, incluyendo la guerra.

 

Ahora bien, esta disputa geopolítica global va de la mano con un tercer movimiento transitorio y es el de las fuerzas disruptivas desatadas por el Tecnocapitalismo o Capitalismo Digital. Un Tecnocapitalismo que acelera el extractivismo, el despojo de los territorios y de lo Común; que coloniza nuestras mentes y comportamientos para convertir en datos rentables cada uno de los aspectos de nuestras vidas; que pretende convertirse en el intermediario de nuestras relaciones sociales, sustituir al Estado como proveedor de servicios sociales, suplantar nuestra ya mínima capacidad de injerencia política por distópicas formas de gobernabilidad algorítmica y, en último término, reemplazar a la propia humanidad con la automatización y las inteligencias artificiales (o al manos a eso aspiran muchos de los oligarcas que coquetean con la Ilustración Oscura y otros tecnofascismos en Silicon Valley).

 

Pero, ¿y qué tiene que ver todo esto con el genocidio en Gaza? El Capital Global del Norte Occidental se enfrenta a una amenaza existencial. Tiene a sus rivales superándolo en distintos planos, tiene un planeta que agota sus “recursos”, los cuales son necesarios para el funcionamiento y despliegue tecnocapitalista, tiene a poblaciones que serán un problema para la estabilidad del sistema: pueblos rebeldes, migrantes climáticos que trastocan las fronteras, comunidades que defienden la tierra y la Naturaleza, trabajadores que resistirán la tecnoprivatización del Estado, desempleados por la digitalización de la economía, marginados crecientes en las grandes ciudades con enorme potencial de revuelta y formas de vida comunitaria que se niegan a reemplazar sus modos de existencia por plataformas digitales y asistentes virtuales. O, visto desde otro punto de vista, lo que el Capital Global necesita es apoderarse de la Naturaleza y de los territorios y reconstruir de tal forma la vida humana, que esta pase a estar mediada, controlada y manipulada, en el mundo físico y virtual, por los dispositivos, plataformas, artefactos y armas del tecnocapitalismo. Nos quieren pegados a la pantalla generando datos, pensando a través de Chat GPT, relacionándonos con otros a través de nuestros avatares virtuales o imágenes prefabricas en las redes sociales, accediendo a la salud a través de telemedicina gestionada por una IA de Google o pagando por un transporte “público” autónomo en manos de Uber. Pero, para esto, necesitan destruir cualquier tipo de resistencia y cualquier tipo de vínculo entre las personas, entre estas y su historia, entre estas y su tierra, entre estas y la Naturaleza. En definitiva, necesitan destruir lo Colectivo para la apropiación total de lo Común y de todas las facetas de la existencia humana, a partir de su individualización máxima y su desvinculación con todo tipo de comunidad.

 

Sin dejar de lado los elementos históricos propios del conflicto, el genocidio en Gaza es la máxima expresión del intento en curso por destruir lo Colectivo. Es un campo de batalla en donde el Capital Global ha desatado todas sus fuerzas para quebrantar la resistencia de un pueblo y negarles su propio derecho a existir. Y luego… y luego irán por todos nosotros y nosotras.

 

Patricio Hernández, activista comunitario de La Pincoya y cientista político

 

 

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